Generalmente se
reconoce que los aspectos psicológicos son una dimensión esencial para
determinar la eficacia cuando hablamos de rendimiento deportivo en tanto que se
admite su papel en los niveles más altos de actuación. Sin embargo si
preguntamos a cualquier deportista o entrenador acerca de que aspectos suelen
trabajar durante los entrenamientos probablemente encontremos que prestan mayor
atención a los componentes técnicos o
físicos. A menudo, se tiende a omitir la consideración del componente
psicológico de los entrenamientos, a sabiendas de su importancia, suponiendo
que las habilidades que entraña se desarrollan solas o mejoran con la práctica
física. (Graciela 2011) Muy pocos son los que conocen la importancia de
trabajar la mente en el mundo del deporte para aumentar el rendimiento no solo
deportivo, sino que además se puede llegar a generalizar a cualquier ámbito de
la vida diaria.
En
los centros de personas mayores, especialmente en aquellos dónde residen
afectados por la demencia tipo Alzheimer en cualquiera de sus fases, cobra un
papel primordial las intervenciones de estimulación cognitiva que se realizan
con este colectivo. Estas intervenciones se realizan a modo de talleres dónde
se persigue la recuperación y/o mantenimiento de las funciones mentales
superiores. Como afirman Tárraga y Boada (1999)
la experiencia de realizar este tipo de talleres ha puesto de manifiesto
en muchos pacientes, funciones
cognitivas así como capacidades instrumentales que habían quedado en el olvido.
Otro ejemplo es el de las personas que sufren algún tipo de accidente o lesión
cerebral dónde se hayan visto implicadas cualquiera de las funciones superiores
en cuyo caso la intervención se destinará a la rehabilitación cognitiva del
paciente. Parece existir una cierta tendencia a equiparar el concepto de
rehabilitación neuropsicológica con el de estimulación cognitiva (Muñoz 2009),
sin embargo este último incluye diferentes grupos de intervenciones destinadas
a la rehabilitación cognitiva en sí (incluyendo la estimulación);
intervenciones junto con la familia, modificación conductual y la posterior
adaptación profesional o vocacional de la persona afectada. El fin último sería
permitir tanto a pacientes como a sus familiares reducir las alteraciones
cognitivas y conductuales así como manejar
las dificultades que puedan quedar como secuelas.

Así
pues, la importancia de la Psicología aplicada a la práctica deportiva radica en
la capacidad de esta disciplina para ofrecer las herramientas necesarias que
permitan que los deportistas lleguen a conocer el funcionamiento no solo de su
mente, sino también de su cuerpo de tal forma que se tomen conciencia de su
propia dinámica y puedan llegar a manejarlo en vistas a lograr un rendimiento
óptimo. Es innegable por tanto, que en el rendimiento deportivo hay que
combinar la preparación física del cuerpo y la preparación psíquica de la mente
o por lo contrario podrían darse procesos de desequilibrio emocional propios de
las situaciones de tensión a las que el deportista se somete. Pero ¿cuáles son,
en el mundo deportivo, los principales problemas psicológicos de los que se
encarga esta disciplina de la que venimos hablando y que la hace tan
importante? Para dar respuesta a la pregunta previamente mencionada tomaremos
como referencia el manual de Valdés (2002): “La preparación psicológica del
deportista: mente y rendimiento humano”.
Una
vez adentrados en un escenario deportivo, ya sea una competición o
entrenamiento, entran en acción un sinfín de emociones que perfectamente pueden
tomar el control de nuestra conducta deportiva y pueden jugarnos una mala
pasada. Por lo tanto una de las tareas básicas de las que se ocupa la
psicología deportiva es la preparación del componente emocional ya que se
encuentra presente desde los primeros momentos del entrenamiento hasta el mismo
momento final de una competición. Durante los entrenamientos las personas son
sometidas a una serie de esfuerzos de carga física y psíquica por lo que todas
las funciones orgánicas se encuentran en tensión en un periodo relativamente
prolongado. Lo normal, es que estas tensiones sean transitorias y no tengan
mayor relevancia, el problema llega cuando llegan a cronificarse suponiendo un
agente estresor para el sujeto que la sufre que derivaría en otros problemas
secundarios como perdida sueño, agotamiento o dolores de cabeza, floreciendo
además determinadas manifestaciones como irritabilidad, preocupación o ansiedad
así como otros signos de carácter depresivo derivados de la inseguridad sobre
su capacidad para continuar. A ello se le suma la problemática que causaría si
el sujeto en cuestión forma parte de un equipo de tal manera que no será únicamente
su rendimiento el que se vea afectado sino que también repercutirá en el
rendimiento grupal. Por otro lado se encuentran los problemas emocionales
derivados de la competición dónde por lo general, las reacciones emocionales
suelen ser más intensas derivadas de la motivación del individuo por ganar o
superarse a sí mismo. En esta situación se ponen en marcha tensiones derivadas
de diversos ámbitos. Por un lado estarían las variables de tipo social por
ejemplo, relacionadas con el compromiso ya sea con el resto del equipo, con el
entrenador, público o familiares. Este compromiso se traduce en la rivalidad
con el contrario. Es cierto que se necesitan ciertas dosis de rivalidad para
enfrentar este tipo de situaciones, pero también es cierto que estas dosis se
convierten en hostilidad muy fácilmente con lo que hace más probable la ruptura
de las normas deportivas creando un ambiente de intranquilidad o reacciones
agresivas fácilmente contagiosas en el entorno. Por otro lado, desde una óptica
psicológica la necesidad de ganar o superación puede verse tornada en derrota
ante la anticipación de la misma o ante la falta de confianza. Ante esta
inseguridad pueden aflorar sentimientos de desánimo o depresivos que afectarán
directamente al desempeño de la ejecución antes o durante la competición.

A. Estado
de óptima disposición: representaría la máxima aspiración de todo deportista y
entrenador ya que se encuentra asociado a los mejores rendimientos. En él se
pondrían en juego intensas emociones de tipo agradables fruto de la seguridad,
la creencia en el éxito y la energía que se ponen de manifiesto durante la
competición. Todos sus esfuerzos atencionales estarían dirigidos a la tarea y
por lo tanto a aquello que resulta esencial para el correcto desempeño de la
misma.
B. Estado
de ansiedad competitiva: es esta situación el deportista siente que no controla
su propia energía. La tensión, la intranquilidad y el temor son algunas de las
reacciones que pueden derivarse de dicho estado por lo que resulta imposible
controlar la atención y estar alerta por lo que la actuación se verá
torpedeada, bien por las expectativas que se tenga sobre la propia ejecución,
bien por los temblores, sudores o malestar que suelen producirse por el exceso
de ansiedad. Esto además se ve acentuado ya que a modo de circulo vicioso las
malas ejecuciones en la competición retroalimentan al individuo de tal manera
que inducen en el temor o la ansiedad que se da en un primer momento.
C. Apatía
en el entrenamiento y la competición: suele relacionarse con estados depresivos
transitorios donde se da una disminución del interés por competir. En esta
ocasión suelen expresarse sentimientos de debilidad, somnolencia, imposibilidad
ante la realización de esfuerzos, temores e inseguridad. A ello se le suma la
evidente falta de concentración y la lentitud a nivel cognitivo y motor. No es
raro encontrar en estos estados síntomas de la ansiedad puesto que en un alto número
de casos suelen coexistir. También aparecerían manifestaciones de tipo
psicosomáticas como diarreas, insomnio, problemas estomacales o dolores
musculares utilizados en ocasiones, para rehuir de la ejecución
D. Estados
fóbicos: consecuencia de ciertos temores que suelen acompañarse de altos
niveles de ansiedad que repercutirían en el rendimiento incluso llegando a
evitar la situación debido al componente fóbico.
Son
varios los factores que pueden estar en juego a la hora de presentar un estado
emocional u otro. La motivación es uno de los más importantes bien cuando está
presente pero aún más cuando está ausente. La falta de motivación es algo que
comúnmente podemos encontrar en situaciones de competición y que se hace patente
durante los entrenamientos ya sea a través de la apatía ante las tareas o bien
faltando a las sesiones. Lo que sí está claro es que en muchos casos, su
pérdida está motivada por otras áreas de la vida del deportista: laboral,
académica o familiar. Un aspecto esencial y en estrecha relación con la
motivación es el planteamiento de los objetivos que se quieren lograr puesto
que, según la psicóloga deportiva Patricia Ramírez (2012), muchas veces la
pérdida de motivación viene precedida por una vaga formulación de los mismos,
porque son demasiado ambiciosos o porque se ven los resultados finales
demasiado lejanos en el tiempo (por ejemplo ante unos Juegos Olímpicos). En
cuanto a rendimiento, el planteamiento de objetivos es una cuestión muy útil
puesto que dirigen la atención y la ejecución hacia los aspectos más
importantes de la tarea, ayudan a movilizar el esfuerzo y además lo prolongan
en el tiempo. Por lo tanto la labor principal desde la Psicología del Deporte
estaría en enseñar al deportista la utilidad de que puede tener un correcto
planteamiento de objetivos de cara al rendimiento, ayudar y acompañar al deportista en la labor
de formularlos correctamente (individuales, acorde con sus capacidades,
concretos) y establecer programas para
el cumplimiento de los mismos.
Otro
factor importante que influye en la motivación y de claro componente
psicológico es la autovaloración del deportista que en relación con la
percepción realista del objetivo en muchas ocasiones suele ser causa de
percepciones desajustadas a la realidad como ocurre en el caso de los
deportistas que empiezan a infravalorarse. En estos casos no solo se pierde la
motivación respecto a los entrenamientos sino que además el comportamiento
durante la competición deja de ser regular para tornarse en inestabilidad por
lo que se predispone a la ansiedad y por ende, al círculo vicioso del que se
habló en párrafos anteriores. Por lo tanto el ajuste de la autovaloración del
deportista es una tarea fundamental que puede solventarse desde la Psicología del
Deporte.
Dicho
todo esto, es innegable la importancia de la Psicología aplicada al mundo del
deporte. Desde los primeros momentos en los que un deportista inicia su
andadura la preparación psicológica es un factor fundamental para su correcta
desenvoltura ya que no hacerlo podría
acarrear consecuencias negativas no solo de cara al rendimiento, sino que
además una cronificación de aquellas tensiones derivadas de un inadecuado
afrontamiento de situaciones de entrenamiento o competición, repercutirían seriamente
en su estado de salud. También la Psicología del Deporte juega un papel
esencial ya que pone a disposición del deportista una amplia gama de
herramientas para el aprendizaje y puesta en práctica de estrategias que les
ayuden a conocer, controlar y regular sus estados emocionales dentro del ámbito
deportivo, estrategias que pueden extrapolarse y generalizarse a cualquier
ámbito de la vida diaria. Esto es un hecho importante, ya que la sensación de
saber que somos capaces de controlar nuestras emociones aumenta la sensación de
seguridad y confianza que se traducirían en una visión propia más positiva o lo
que es lo mismo, una autovaloración positiva
que hará que nos veamos capaces de lograr cualquier meta u objetivo que
nos propongamos contribuyendo por tanto a aumentar nuestra motivación ante la
ejecución o desempeño de cualquier tarea, entrenamiento o competición. El
equilibrio de todos estos aspectos mencionados (y otros muchos que por motivos
de extensión no han sido incluidos aquí) logrado a través de programas de
intervención diseñados desde la Psicología Deportiva, contribuirá a un estado
de bienestar del deportista que se verá claramente reflejado en su rendimiento,
y además se expandirá a otros muchos aspectos que caracterizan los escenarios deportivos:
el trabajo en equipo, las relaciones interpersonales (con entrenadores,
árbitros, jugadores) o el trato al rival. La Psicología del Deporte, la única
capaz de enseñar a un deportista a afrontar sus derrotas pero también sus
victorias, aspecto que a muchos se les escapa de las manos.
BIBLIOGRAFÍA
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Rendimiento a través de un entrenamiento para el manejo de los errores. En: Actas del I Congreso Ibérico de Psicología
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GRACIELA,
M. 2011. Atletismo de fondo: La
importancia de la Psicología en el deporte. [Blog]. [Buenos Aires]:
atletismodefondo.wordpress.com [Consulta: 19 julio 2014]. Disponible en: http://atletismodefondo.wordpress.com/2011/05/18/la-importancia-de-la-psicologia-en-el-deporte/
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RAMIREZ, P. 2013. Sueños y deseos hechos realidad. En: Entrénate para la vida. Barcelona:
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prácticos de estimulación cognitiva para enfermos de Alzheimer. Barcelona:
Glosa Ediciones.
VALDÉS, H.M. 2002. La preparación psicológica del deportista:
mente y rendimiento. Barcelona: Inde.
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