El “boom” de la Psicología Positiva parece
estar a la orden del día. Sin duda, en los tiempos de crisis, numerosas
empresas se las han tenido que ingeniar para hacer de sus productos diferente y que llamen la atención del público. No son pocas las que, en tiempos oscuros, han encontrado la luz, de manera indirecta, en esta corriente psicológica: desde empresas
que venden artículos repletos de mensajes positivos y alegres (tipo MrWonderful o Virus de la Felicidad) hasta centros deportivos
que te incitan a inscribirte con su publicidad basada en mensajes de superación y
autoconfiza. Y, en los tiempos que corren, no hace falta mucho para que este tipo de marketing atraviese la delgada línea de las redes sociales y en un corto espacio de tiempo, llegue a millones de personas casi sin darte cuenta. También, todos en algún momento de nuestra vida hemos escuchado eso de que "¡Hay que ser optimista mujer!" o "Hombre, tienes que ser positivo y confiar en ti, si lo haces irá todo bien"
EL INICIO DE LA PSICOLOGÍA POSITIVA
Fue en 1998 coincidiendo con el discurso de
posesión de la presidencia a la APA cuando Martin Seligman denominó Psicología
Positiva a un movimiento de la Psicología que se centra en el estudio de las
cualidades positivas del ser humano, en concreto en tres factores: las
experiencias positivas, las fortalezas psicológicos, las organizaciones
positivas como la familia o el colegio. Se sabe que una actitud positiva y confiada ante determinados retos, por ejemplo un examen o competición, ayuda a mantener la atención a enfocarla (concentración) en lo que realmente es relevante para la situación y además nos ayuda a estar motivados y a movilizar nuestra energia hacia aquello que queremos lograr. Pero ¿Cómo puede revertir en nuestra
salud el ser positivos? ¿Cómo afecta esta actitud a una lesión? ¿Qué nos ocurre a nivel fisiológico?
La actitud positiva ante las circunstancias
de la vida se relaciona con la capacidad de respuesta de afrontamiento que
tenemos ante las situaciones que nos provocan estrés. La respuesta de estrés,
es una reacción fisiológica que acompaña a las emociones de tipo negativo y que
nos permite poner en marcha una gran cantidad de recursos energéticos para
efectuar una respuesta de lucha o de huída, en función de la situación, y se convierte
en una reacción adaptativa de nuestro organismo. Una vez ha cesado la situación
estresante, nuestro estado fisiológico vuelve a sus niveles normales. No
obstante, si la situación se mantiene en el tiempo, la reacción fisiológica que
se desata, también lo hace, hasta el punto de llegar a provocar
efectos adversos para nuestro organismo.
EL PROCESO DE RESPUESTA AL ESTRÉS
El proceso de respuesta al estrés fue
bautizado por Seyle como Síndrome
General de Adaptación. El SGA consta de tres etapas principales: reacción de
alarma, fase de resistencia y etapa de agotamiento. A lo largo de estas tres
etapas, y en diferentes momentos del proceso, se activan tres ejes
fisiológicos: el neural, el neuroendocrino y el endocrino. No obstante, aquí
solo hablaremos de este último.
CONSECUENCIAS DE LA ACTIVACIÓN DE LOS EJES FISIOLÓGICOS
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Fuente: https://redneuropsicologica.wordpress.com/2011/11/21/el-estres/
La activación del eje endocrino es mucho más
lenta y de efectos más prolongados. La exposición mantenida en el tiempo a
determinados estresores, hace que este eje permanezca en constante
funcionamiento llegando a provocar efectos nocivos para la salud. En concreto,
esto se debe a la liberación y presencia continua de Glucocorticoides (Cortisol,
conocida como la hormona del estrés; corticosterona y cortisona) en el torrente
sanguíneo. Así pues, aunque a corto plazo la presencia
de Glucocorticoides tiene efectos adaptativos, a largo plazo, esta hormona
provoca hipertensión, daño en los
tejidos musculares, la inhibición del crecimiento y la inhibición también de la
respuesta inflamatoria y de inmunosupresión.
La percepción de una misma situación como estresante,
puede variar y de hecho varía, de unas personas a otras gracias a nuestras
diferencias individuales. Uno de los principales factores que transforman una
situación aversiva en estresor es la percepción del grado de control que
tenemos sobre dicha situación. En este sentido, cobra especial relevancia el
aprendizaje de estrategias de afrontamiento que nos permitan disminuir el nivel
de activación y nos otorguen cierta percepción de control sobre la situación.
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Una lesión es sin duda, una situación
estresante al igual que una situación estresante prolongada en el tiempo, es un
factor predisponente al padecimiento de alguna lesión. En ambos casos, no es el
ser positivos en sí, lo que nos ayuda a mejorar la situación. Lo que realmente
ayuda, es intentar tomar el control de la situación empleando para ello el
desarrollo y aprendizaje de estrategias de afrontamiento (búsqueda de
actividades alternativas, técnicas de relajación, control emocional…) que nos
ayudarán a disminuir los niveles de estrés y con ello, la presencia de
Glucocorticoides en nuestro organismo por lo que nuestra lesión podría mejorar
considerablemente o al menos, conseguirá reducir el tiempo de recuperación.
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