Colocar los zapatos en el zapatero en la misma dirección, ordenar la
mesa de trabajo cuadriculando cada centímetro de la misma, colgar cada prenda
del tendedero con pinzas de un mismo color, santiguarse tres veces y tocar
madera antes de empezar un examen, exposición o conferencia. Todos tenemos
manías. Más o menos reconocidas, pero las tenemos. Esto es una realidad
innegable.
En el mundo deportivo esto se hace aún más evidente: desde entrar al
terreno de juego con el pie derecho, frotar las manos por la espalda de la
entrenadora antes de salir al tapiz, tocar con la raqueta el pie derecho tres
veces (ni una más ni una menos) antes de que dé comienzo el partido de tenis o tocar
los tres palos de la portería antes de empezar el partido, lavarse las manos
con el mismo gel los momentos previos al comienzo de una competición de golf
hasta, por ejemplo las de tipo “Iker Casillas” a quién no le gusta pisar la
línea antes de salir al terreno de juego, corta mangas y cuello de las
camisetas antes de competir y toca el larguero con la mano izquierda cada vez
que el equipo marca, las de tipo “Rafa Nadal” a quién no le gusta pisar las líneas
blancas o durante el descanso, usa dos botellas de agua colocadas una justo al
lado de la otra y bebe un sorbo de cada, o las de tipo “Serena Williams” que
bota la pelota cinco veces antes de su primer saque y tres veces antes del
segundo. Podría seguir, y no acabaría. Sin embargo, si te has reconocido en
alguno de estos ejemplos o similares, no tienes nada que temer. ¡Que no cunda
el pánico!

Las obsesiones, según define el DSM-IV, pensamientos, imágenes o
impulsos recurrentes y persistentes que generan elevados niveles de ansiedad o
malestar en la personas. Este malestar generado se intenta neutralizar o
ignorar a través de otro tipo de pensamientos o bien a través de determinados
tipos de acciones como son las compulsiones. Las compulsiones, por su parte,
son comportamientos repetitivos (como lavarse las manos continuamente a lo largo
del día, comprobar una y otra vez que hemos cerrado la puerta de casa o del
coche, ordenar las cosas de la oficina..) o acciones mentales como rezar,
repetir una misma palabra o contar. Este tipo de compulsiones, suponen una
necesidad inmediata que las personas sienten que tienen que hacer en respuesta
a las obsesiones, casi una obligación. Por ejemplo, quienes temen al contagio de una enfermedad y se lavan las manos tantas veces al día, que llegan a sufrir importantes prorblemas de piel.Todo ello, conlleva un malestar constante y significativo en la vida de
la persona ya que suponen una importante interferencia en sus diferentes áreas (social,
laboral, familiar) ya que consumen parte de su tiempo para llevarlos a cabo.
Inevitablemente, esto conduce a un progresivo deterioro del rendimiento, ya sea
en el área laboral como deportiva, por ejemplo.
Las obsesiones y las compulsiones, son los factores principales que
apuntan a la posibilidad de padecer un trastorno obsesivo compulsivo. La
irracionalidad de ambos factores, es algo que no siempre es admitido por la
persona. A ello se le suma la dificultad de reconocer este trastorno cuando las
compulsiones no son actos manifiestos sino que, por el contrario, se realizan
de manera encubierta, como es el caso de las acciones cognitivas antes
mencionadas: contar, rezar, repetir palabras o frases en la mente.
En la actualidad, existen muchas técnicas para sustituir estas obsesiones y compulsiones por pensamientos y conductas mucho más adaptativas, como los procedimientos de exposición, dirigidos principalmente a reducir la ansiedad, temores y malestar asociados a las obsesiones y las técnicas de supresión o bloqueo más dirigidas a disminuir la frecuencia tanto de obsesiones como compulsiones, u otras técnicas mucho más sencillas ("de andar por casa") que pueden ayudarte de manera progresiva a convertir las malas manías en manías buenas; aunque para ello, siempre será importante consultar con un profesional.
Por tanto, se pueden tener en cuenta determinados aspectos para
reconocer cuando una manía es buena o mala. ¿Qué pasa si no las llevo a cabo? ¿Consume
gran parte de mi tiempo? ¿Me siento excesivamente mal antes de llevarlas a cabo
y el realizarlas me genera alivio? Hay cosas que el ser humano nunca podrá
controlar: los resultados de un partido de fútbol, las decisiones de un árbitro
a la hora de pitar una falta o que falle el ordenador que ibas a usar antes de
dar una conferencia. Puedes realizar cuantas manías tengas, sin embargo has de
plantearte si invertir tú tiempo y parte de tus emociones en realizar actos que
no evitarán lo inevitable, te merece realmente la pena. Porque si queremos que
algo suceda, tenemos que implicarnos, coger el toro por los cuernos e ir a por
ello, dejando el menor lugar posible a aquellos factores externos que no podremos
controlar y que pueden llegar a mermar nuestra atención en momentos tan
importantes como una competición.
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