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Fuente:ligafutbol.net/ |
Hoy día, sobre todo teniendo en
cuenta todo el arsenal de factores que giran en torno al mundo deportivo
(económicos, estatus…), es muy común encontrarse con entrenadores/as que son
valorados únicamente en función de sus resultados. La consecuencia más
inmediata de este hecho, es que ellos/as mismos/as se ven poco a poco
contagiados por el fenómeno “resultados” y terminan llevando a cabo su propia autovaloración
en función de este mismo parámetro. Y no es para menos.
Desde el minuto uno de cada
competición, sobre todo en los deportes de equipo, los/as entrenadores/as están
en el punto de mira de muchas personas: directivos, periodistas, padres y
madres, y gradas repletas de gente ansiosa por celebrar la victoria de su
equipo favorito. Estos mismos colectivos, cuando las cosas van bien, son
capaces de llevarte a lo más alto, ya seas deportista o entrenador/a, con la
misma velocidad con la que son capaces de bajarte y anclar tus pies en la
tierra a base de críticas e insultos, e incluso en los casos más extremos, se
ven amenazados/as con la destitución de su cargo si los resultados no empiezan
a mejorar. El problema, querido/a entrenador/a, es que por desgracia pocos
valoran tu dedicación diaria a la preparación de las sesiones, tus horas sin
dormir, tu nudo en el estómago la noche antes del partido. Nadie puede apreciar
desde una grada, las horas que podrías pasar con tu familia y sin embargo,
dedicas a sacar lo mejor de tus deportistas para que den todo de sí mismos/as
en la competición. La derrota es una parte inevitable del juego, no obstante
nadie acepta que no puedas ganar siempre. Y aunque las cosas vayan bien, todo
esto rumia en tu cabeza y te impide disfrutar del trabajo que verdaderamente
estás haciendo. Inviertes tiempo, esfuerzo y dedicación con la creencia errónea
de que, cuanto más horas emplees, más probabilidad tienes de que si pierdes,
todos/as piensen en todo lo que das de ti mismo/a antes y durante cada partido
y lo valoren en términos positivos. Pero te equivocas.
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Fuente: google |
Todo esto se convierte en una
rutina que empieza a generar presión. La presión es una fuerza psicológica un
tanto incómoda, que tú mismo/a empiezas a generarte. La obsesión por los
resultados, la evitación de las consecuencias negativas o tu prestigio y
aprobación, son algunos de los factores que empiezan a merodear por tu mente
hasta el punto de instalarse en ella. Ideas y creencias que se convierten en el
único motor de trabajo y que te llevan casi, a funcionar por inercia.
Irritabilidad, falta de sueño, falta de apetito, ser un/a monotema, hablar de
las horas y horas que dedicas a ello. Síntomas de presión.
La presión es una respuesta
natural ante una situación de amenaza. Es un mecanismo del cerebro que alerta al
organismo de que estamos ante una situación de supervivencia para que
desencadene una respuesta de ansiedad que nos permita huir o luchar ante la
misma. El problema viene cuando la amenaza no es real sino que es fruto de
nuestra propia percepción. Aún así, el cerebro detecta esa señal y
efectivamente, desencadena la respuesta pertinente. Perder un partido no es una
situación de vida o muerte, a pesar de lo mucho que te puedes llegar a jugar en
él, pero eso tu cerebro no lo sabe.
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Fuente: google. |
Esa preocupación constante no
solo puede llegar a afectar a tu trabajo como entrenador/a, sino que además
salpicará a otros ámbitos de tu vida. La presión te impedirá rendir bien en la
preparación de tus sesiones, vivirás momentos de frustración e impotencia por
ello, dejarás de disfrutar de tu trabajo y corres el riesgo de contagiar a tus
deportistas. Dedicarás aún más horas, por lo que restarás tiempo para estar con
tu familia o amigos. Además, en tu trabajo, tu rendimiento puede verse reducido
si gran parte de la jornada laboral te la pasas pensando en cómo vas a elaborar
el entrenamiento de esta tarde. Y todo ello, se empeora aún más cuando la cronificación de este estado, se convierte en un modo de vida que pone en juego tanto tu salud física como emocional.Queridos/as entrenadores/as trabajar bajo presión, no es
sinónimo de responsabilidad.
Por todo ello, es importante
aprender a buscar un equilibrio emocional. Ser regular en nuestros estados
emocionales nos ayuda a funcionar mucho mejor. No por dedicarle 24 horas a
preparar el partido del fin de semana, sois mejores entrenadores/as. Eso solo alivia y justifica vuestra propia percepción. El exceso
de responsabilidad no hará que salgáis libres de crítica en las competiciones
perdidas. Solo los/as que conviven día a día con vosotros/as podrán valorar y
apreciar todo tu esfuerzo, empeño y compromiso. Y ellos/as también necesitan de
tu tiempo al igual que tú necesitas de ellos. Equilibrio. Inevitablemente, hay
factores que no podemos controlar. Empieza por aceptarlo. Desgraciadamente, en
un mundo que se mueve por el éxito y el dinero, pocas veces se tiene en cuenta
el afán de muchos/as entrenadores por formar a sus deportistas en valores, por formar personas con deportividad.
Enseñarlos a afrontar una derrota o una victoria, tolerar la frustración, el
respeto hacia el rival, el compañerismo. Valores, que pasan a un segundo plano
cuando la pelota no entra.

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